Por Joseph Nasr.- Las amenazas para Israel normalmente vienen en forma de cohetes. Pero los economistas ven además un gran riesgo para el Estado judío: su sistema educativo.
Dentro de una economía moderna reconocida por su innovador sector de la alta tecnología, ellos ven un problema creciente.
Los críticos dicen que los alumnos judíos que concurren a escuelas ultra-ortodoxas pueden recitar capítulos y versos de la Biblia, pero la mayoría es incapaz deletrear en inglés el nombre de su mayor vecino árabe, Egipto.
Cerca de la mitad de los estudiantes de Israel concurren a escuelas árabes que están subfinanciadas, o seminarios ultra ortodoxos donde materias "seculares" como inglés, ciencia y matemáticas están en un segundo plano respecto de los estudios bíblicos, o son ignoradas por completo.
Es un perfil que dista de ser típico para un miembro desarrollado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés), al que Israel espera ingresar formalmente en mayo.
"La amenaza a la que nos enfrentamos, la amenaza existencial, no es externa. Es interna. Ni siquiera se trata de árabes versus judíos. Es un problema completamente social", dijo Daniel Ben-David de la Universidad de Tel Aviv.
También es uno de los más inextricables. Hace mucho que altos funcionarios israelíes reconocen la necesidad de una reforma, ha habido consultas y enojo popular, pero ningún Gobierno ha tenido la voluntad política de tomar el toro por las astas.
"El abismo socioeconómico entre la población judía general y los dos grandes grupos minoritarios está creciendo", sostuvo el OECD en un informe del mes pasado.
Es una situación arraigada en complejas actitudes frente a las dos minorías de más rápido crecimiento de Israel: los árabes israelíes y los judíos ultra ortodoxos, conocidos en hebreo como Haredim, quienes se visten en distintivos atuendos negros.
Ambos grupos generalmente viven en comunidades separadas -en las zonas Haredi se prohíbe la circulación de autos en las calles durante el sabath y las fiestas judías- y ninguno hace normalmente el servicio militar israelí, lo que genera cierto resentimiento entre la mayoría.
Además, se proyecta que el grupo poblacional más joven llegará a la mitad de los israelíes en una generación, del 30 por ciento que constituyen actualmente. Ambos tienen altos índices de pobreza y desempleo, lo que significa que no sólo están sin trabajo, sino que tampoco están buscándolo.
El problema queda de manifiesto en las evaluaciones internacionales. Todos los adolescentes israelíes se encuentran cerca del final de la tabla, en un 90 por ciento del promedio del OECD.
Los estudiantes árabes tienen las calificaciones más bajas de todos, con sólo 75 por ciento del promedio del OECD, y los alumnos judíos ultra ortodoxos no participan de las evaluaciones "seculares" en absoluto.
FUGA DE CEREBROS
Una excepción a la regla es la escuela Nahardea en Nehalim cerca de Tel Aviv, donde alumnos ultra ortodoxos cursan todas las materias centrales del programa nacional además de sus estudios bíblicos.
"Nuestro objetivo es darle a los Haredim una oportunidad de integrarse al mercado de trabajo israelí sin tener que abandonar su identidad nacional", dijo el educador Hanosh Verdiger.
"Todo es posible, dijo el alumno Idan de 15 años. "Sería rabino o ingeniero. No lo he decidido todavía", agregó, caminando desde la sinagoga del campus hasta su clase de ciencias.
Pero sólo hay cinco escuelas como esta en Israel.
Y los incentivos para encontrar trabajo en la calle son exiguos. La industria de la alta tecnología representa aproximadamente un 43 por ciento de las exportaciones pero emplea solo al 7 por ciento de la mano de obra.
Sólo uno de cada cuatro hombres Haredi tiene empleo: el resto está abocado a estudios bíblicos de tiempo completo, según la OECD.
La minoría árabe comparte las causas inmediatas de pobreza de los Haredim: grandes familias y bajo nivel de empleo. Y la evidencia sugiere que el gasto público en educación por niño árabe en localidades árabes casi un tercio más bajo que en las municipalidades predominantemente judías, dice la OECD.
Ben-David indicó que si grandes partes de la mano de obra potencial de Israel permanecen marginadas o subutilizadas, el deterioro de la economía dará lugar a una fuga de cerebros, iniciando un círculo vicioso de estándares de vida inferiores.
Es un proceso que ya resulta evidente.
Israel tiene el mayor índice de personas no empleadas entre los 30 países de la OECD, según el organismo. Un 40 por ciento de los israelíes de entre 15 y 64 años no trabajan, versus el 33 por ciento de promedio en la OECD.
Estudios llevados a cabo hace dos años por economistas en la Universidad Hebrea de Jerusalén hallaron que los israelíes con un título de bachillerato o uno más alto tienen 2,5 veces más posibilidades de emigrar que aquellos con menos educación.
(Reporte adicional de Douglas Hamilton; Editado en español por Marion Giraldo)
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