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 20/6/2005 ¿No cree que algo cambió con respecto al menemismo?
-No le encuentro diferencias. Ambos son gobiernos populistas y manejan el dinero del Estado para sus campañas políticas. Pero hay una diferencia, en el gobierno de Menem la prensa actuaba con más libertad que ahora, cuando hay muchas pruebas de extorsión. La Justicia no es independiente.
Mas info, clic en título El escritor Marcos Aguinis presentó en Mendoza su último ensayo “¿Qué hacer?”, donde describe sus inquietudes y sugiere propuestas para “relanzar” a la Argentina hacia el crecimiento.
Invitado el viernes por la Universidad del Aconcagua (UDA), por el festejo de los 40 años de la institución académica mendocina, el pensador almorzó con referentes políticos y culturales, mantuvo un diálogo con estudiantes de Psicología y dictó una conferencia sobre las reformas estructurales que debería aplicar el país. Propuso dirigir la mirada hacia países exitosos, como Chile, España o Irlanda y terminar con viejas prácticas de la política, basadas en la corrupción, la impunidad, el reemplazo de la cultura del trabajo por la de la dádiva y la falta de sanción a quien incumple la ley.
En medio de esa ajustada agenda, Aguinis conversó con Los Andes. Se mostró muy crítico con el gobierno de Néstor Kirchner: “No sabe a dónde ir y no ha propuesto ninguna reforma importante”, dijo. Advierte que las jornadas de protesta y el descontento social son síntomas similares a los que se vivieron previo a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
-¿Por qué escribió en este momento este libro?
-Mi anterior ensayo, “El atroz encanto de ser argentinos”, publicado en plena crisis de 2001, completaba el diagnóstico de los defectos y problemas argentinos. Ha llegado el momento de hacer las propuestas. “Qué hacer” es un libro que formula la pregunta que con angustia nos hacemos los argentinos porque estamos indignados ante una realidad que no se entiende. Cómo es posible que, con tantos recursos humanos y naturales, no logremos salir del pozo.
-¿Cree que llegó la hora de “relanzar” el país?
-Este libro tiene un subtítulo que es toda una formulación: Bases para el renacimiento argentino. La palabra “bases” es obvio que remite al libro de Alberdi, que en su momento fue milagroso cuando se sancionó la Constitución de 1853 y que produjo un cambio copernicano en la historia. Gracias a esa Constitución, nuestro país tuvo el marco jurídico más progresista de América Latina y se convirtió en el 7° país más rico del planeta. Pero, a partir de 1930, el país desvía su camino y toma atajos que nos fueron internando en arenas movedizas.
-¿Qué cambios propone?
-Intento analizar muchas de esas ideas arcaicas en las que estamos cómodamente recostados, como ser más estatistas que privatistas. Ningún país progresista del mundo cuestiona la propiedad privada, algo que en la Argentina parece ser una cosa de mal gusto, propio de explotadores. Pero cuando ocurrió lo del corralito, todos los argentinos salimos como locos a proteger la propiedad privada. Somos hipócritas. Por otro lado, la Argentina es un país que bate récords en cuanto al envío de capitales al exterior. Esto expresa la inseguridad enorme que hay con respecto a la propiedad, lo que impide que haya inversión.
-¿Cuál es su diagnóstico de la educación argentina?
-A mitad del siglo XX comenzó una declinación acelerada en todos los niveles. La descalificación del maestro, que pasó a ser docente y luego trabajador de la educación. Se le perdió respeto, jerarquía y está mal pago. Los alumnos pasaron de la cultura de la excelencia al facilismo. La Universidad dejó de ser un centro de investigación y se convirtió en las academias Pitman. Los presupuestos educativos se destinan sólo a los sueldos, que son muy bajos. En materia educativa estamos atascados y nadie dice qué hacer.
-¿La Justicia está en crisis?
-Es muy grave la anomia. La ausencia de leyes es atroz. Hemos llegado a un punto en el que los problemas en vez de dirimirse en las cortes tribunalicias se dirimen en la calle. Gana el más fuerte, el que logra hacer más presión o puede expresarse con mayor violencia. Para colmo, nos encontramos con que hemos elegido gobernantes que no saben a dónde ir. La Argentina es como un barco a la deriva, cuya tripulación se pelea para agarrar el timón.
-Es muy crítico con el gobierno de Kirchner. ¿No cree que algo cambió con respecto al menemismo?
-No le encuentro diferencias. Ambos son gobiernos populistas y manejan el dinero del Estado para sus campañas políticas. Pero hay una diferencia, en el gobierno de Menem la prensa actuaba con más libertad que ahora, cuando hay muchas pruebas de extorsión. La Justicia no es independiente.
-¿Tampoco la Corte?
-La Corte amplió la sensación de injusticia e independencia. Cada vez se confía menos en la Justicia. Esta Corte tiene un criterio que era válido cuando salimos de la dictadura, cuando se hablaba de la actitud garantista, que era obviamente necesaria en una época en que se vivía la pesadilla de no respetarse si quiera un “hábeas corpus”. Pero hoy, nos encontramos con que es un Estado inoperante, no creíble y una ciudadanía que está impotente ante el delito.
-En el libro describe al argentino de hoy.
-Los argentinos hacemos un debate de gallinero. Peleamos por pequeñas cosas, por candidaturas, sin preguntarnos bien qué diferencias programáticas tiene un candidato de otro.
-La gente no escucha más propuestas de los políticos porque no les cree.
-Sí. El problema es que no se aplican las soluciones. Por el contrario, los gobiernos han empujado a millones de la cultura del esfuerzo a la mendicidad. Está impuesto el criterio de que es mejor seguir recibiendo el plan social que aceptar una demanda de trabajo.
-¿Cómo sale a flote el país?
-Lamento que este gobierno esté fracasando. Se ven síntomas parecidos a los que se vivieron previos a la caída del gobierno de De la Rúa. Es lo mismo que en Ecuador y en Bolivia, porque este gobierno en ningún momento cumplió con decirle a la sociedad a dónde quiere ir.
-¿Por qué el Presidente tiene alta imagen positiva?
-Esa imagen está en gran medida dibujada. Por un lado, tenemos una gran franja de la población alienada por los planes sociales o que es ignorante. En segundo lugar, en la Argentina todavía está muy fuerte la tendencia autoritaria y cuando se ve a un jefe de Estado que da puñetazos, que elogia un látigo y humilla a ministros, transmite una imagen de macho que gusta. De un líder populista fuerte propio de una sociedad que no es todavía democrática.E
Fte Los Andes
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